Una historia de pedos (sí, de pedos)


eduardo mendoza
¡Para cagarse de risa!



   
     ¡Saludos, burrilectores! 

    Esta vez les traigo el comentario de una novela buenísima, bajo la divertida pluma del consagrado escritor barcelonés Eduardo Mendoza... Y sí, va de pedos muy sonoros.









    Se lee en un plisplás porque su estructura es lineal, no se detiene en descripciones aburridas, palabras indescifrables y, sobre todo, porque las acciones que ocurren son de lo más divertidas, en especial los periplos que debe sufrir el personaje principal, Pomponio Flato, quien, como ya habrán adivinado, sufre de pedorrera:


(...) oí una poderosa detonación procedente de mi propio organismo y salí disparado de mi cabalgadura con tal violencia que fui a caer a unos veinte pasos del animal (p. 8)

     En una de sus aventuras por el medio oriente, llega a... ¡la casa de Jesús de Nazaret!, quien, siendo aún niño, tiene que ayudar a que José, su padre putativo, no sea ajusticiado por un crimen que no cometió (aquí suena en mi mente la canción del Equipo A). ¿Y a quién pide ayuda? Nada más y nada menos que a nuestro oloroso Pomponio Flato. Sí, él se convierte en un detective-héroe en la Palestina del siglo I.

Tu hijo Jesús ha contratado mis servicios para esclarecer tu inocencia, de modo que, para empezar, me gustaría hacerte unas preguntas. Dime la verdad, José, ¿mataste tú a ese hombre? (p. 31)

    Y así empieza el misterio, la intriga, los celos, la lujuria, las muertes... y, claro, ¡el amor! Pero no cualquier amor, sino el que nos gusta, el que está de moda, el trágico, el irresoluto, el que no llega a cumplirse, el prohibido, el folleteo... y si mueren los amantes, pues, ¡mucho mejor!

Por primera vez una nube pasajera ensombreció su frente, en todo semejante a la de una diosa. De inmediato, sin embargo, sacudió su hermosa cabellera, también semejante a la de una diosa, emitió una risa chispeante (...) (p. 83)

     Nuestro amigo Pomponio se enamora de una prostituta, quien es, ni más ni menos, la mamá de la futura María Magdalena. Aunque su problema con los pedos le sigue haciendo pasar incómodas situaciones.

     Y ya no les fastidio más la historia (solo decirles que, en opinión de este burrito orejón, José es inocente). 

     Eduardo Mendoza ha sabido parodiar las insulsas novelas detectivescas y de romance de nuestro tiempo, en combinación con una seudo novela histórica, muy al estilo de Dan Brown. Es una lectura recomendadísima para relajarse antes de dormir.

     Ojo, prohibido tirarse pedos mientras se duerme. ¡He dicho!