DE GALICIA A CATACAOS

Desde mi biblioteca



DE GALICIA A CATACAOS

EL VIAJE DE UNA HISTORIA DE TERROR

Ánimas, Santa Compaña, Ricardo Palma Matías Cruz

He recibido Mitos y leyendas de mi pueblo Catac Caos (2015), una recopilación a cargo del memorioso profesor Matías Cruz Sandoval. 


El adjetivo no es gratuito, en cuanto que Matías Cruz ha realizado un honrado ejercicio de recordación para salvar narraciones orales de Catacaos, mi pueblo, tal cual se las contaron, sin buscar el adorno literario o la, muchas veces fría, exhaustividad académica (por ello, disculpo el libre empleo de los términos mito y leyenda). Para el lector avisado, las siguientes palabras del autor seguramente remitirán a Los comentarios reales del Inca Garcilaso de la Vega:

El tiempo ha pasado y, al recordar a todas las personas cuyos nombres aparecen en los relatos, aún percibo las voces cantarinas de hombres y mujeres que en determinado momento convirtieron sus rústicas viviendas en un liceo de cuentos, mitos y leyendas que, con orgullo, honra y cariño, escuché, aprendí y guardé en mi cofre mnémico y en mis archivos históricos (p. 9).

Mitos y leyendas de mi pueblo Catac Caos se ofrece también como material imprescindible para estudios que van desde la Sociología, pasando por los estudios regionales y post coloniales, hasta la Teoría Literaria. Dentro de este último campo tenemos el antecedente de Vladímir Propp (1985-1970) y el análisis que realizó de los cuentos populares rusos.

De los veintiocho textos recopilados, me detendré brevemente en examinar los posibles antecedentes de “La procesión de Semana Santa en Narihualá”. Sirva este esfuerzo esclarecedor para propiciar el aprovechamiento del trabajo del profesor Matías Cruz. 

En esta narración, una mujer malévola vio pasar una procesión a las doce de la noche. Uno de los fieles se le acercó y le entregó una vela encendida. La mujer la guardó debajo de su cama. Después de aquel suceso, ella empezó a sufrir una serie de achaques que la pusieron al borde de la muerte. Sus hijos la llevaron a un curandero quien les ordenó buscar aquella vela. Para sorpresa de todos, esta se había convertido en un hueso, “el hueso de la muerte” según el curandero, quien lo mandó a quemar junto con el colchón y propuso hacer una misa en nombre de los muertos.

Esta misma historia, con variaciones, ya la había contado don Ricardo Palma (1833-1919) en “La procesión de las ánimas de san Agustín”, una de sus famosas Tradiciones peruanas. El autor ubica la historia en 1640, siendo alcalde de Lima don Alfonso Arias de segura. En ella, una vieja pecadora recibe varios cirios de los frailes participantes de esta procesión. Ella los guarda con la intención de venderlos. Al día siguiente, los cirios se habían convertido en huesos y la casa en un cementerio. Acudió a un sacerdote quien le aconsejó pellizcar a un niño para que llore cuando se presenten esta almas.

Parece ser que este relato procede de la zona noroeste de España; especialmente de Galicia, donde es largamente conocida la procesión de las ánimas o Santa Compaña. Y desde el siglo XVI aparece en obras literarias como El jardín de las flores curiosas (1570) de Antonio de Torquemada y El burlador de Sevilla y convidado de piedra (¿1630?) de Tirso de Molina. No podían faltar las leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), quien escribió "El monte de las ánimas". Clic aquí para saber más de la procesión de ánimas

Por lo visto, esta historia sobre un desfile de ánimas ha realizado un largo viaje –en el espacio y en el tiempo- desde Galicia hasta Catacaos. A mí también me la contaron, con la diferencia que los fantasmas aparecían en la noche de muertos. Aún recuerdo que, de niño, esperaba pacientemente detrás de la puerta de mi casa para ver qué ocurría a medianoche. No tuve éxito.

Desde aquí mis felicitaciones al autor.