¡Todos moriremos!

Por Rob Davis


¡TODOS MORIREMOS!


    No se asuste ni se deprima. Es una verdad inquebrantable que todos los seres vivos -plantas y animales incluidos- moriremos en cualquier momento. Es parte de nuestra existencia. Así, cuando unos padres deciden traer una nueva vida a este mundo, también deben considerar su futura muerte. Pensar de otra manera sería caer en un error y en el autoengaño.



    Usted me refutará: "no es saludable pensar en la muerte". Y yo le contestaré: "tampoco es saludable NO pensar en ella". Quedarnos en silencio no nos protege del dolor, de la angustia y de aquel momento inevitable. Además, ¿por qué la muerte tiene que ser una tragedia? La muerte siempre estará ahí, lo que podemos cambiar es nuestra actitud hacia ella. Aquí les comento algunas:

1. La muerte como alegría

    Creo que es una posición saludable la que tiene la Iglesia Católica, pues ella considera la muerte no como el final, sino como un puente hacia la vida con Dios. Recuerde también que la muerte de Jesucristo es motivo de alegría, pues con ella el hombre se liberó del pecado y se anunció la buena nueva, o sea el reino de Dios. Nos parecerá grotesco que ese sacrificio se recuerde en la Eucaristía, pero los católicos y cristianos tienen buenos motivos para celebrar.

2. Aceptar la muerte, no luchar contra ella


    El genial poeta César Vallejo nos advierte que no podemos hacer nada contra la muerte. Claro, podemos esforzarnos por curar enfermedades y distintos males que aquejan al mundo. Sin embargo, por mucho amor que tengamos a alguien o por muchas oraciones que elevemos al cielo, nada evitará el fallecimiento:



Ignoro lo que será del enfermo esta mujer, que le besa y no puede sanarle con el beso, le mira y no puede sanarle con los ojos, le habla y no puede sanarle con el verbo. ¿Es su madre? ¿Y cómo, pues, no puede sanarle? ¿Es su amada? ¿Y cómo, pues, no puede sanarle? ¿Es su hermana? Y ¿cómo, pues, no puede sanarle? ¿Es, simplemente, una mujer? ¿Y cómo pues, no puede sanarle? Porque esta mujer le ha besado, le ha mirado, le ha hablado y hasta le ha cubierto mejor el cuello al enfermo y ¡cosa verdaderamente asombrosa! no le ha sanado. ("Las ventanas se han estremecido")

3. ¿Disfrutar la vida o esperar la muerte?

    En el primer capítulo de El maestro y Margarita (1966) de Mijaíl Bulgákov (recomendamos nuestro artículo Estoy casada, pero amo a otro), el mismo Satanás reconoce lo inesperada que puede ser nuestra muerte: 

De acuerdo, el hombre es mortal, pero eso es solo la mitad del problema. ¡Lo grave es que es mortal de repente, esta es la gran jugada!

El brillante poeta español Francisco de Quevedo, a través de este poema metafísico, nos informa del paso del tiempo y del caminar hacia la muerte. Si para Quevedo, el hombre, al fin y al cabo, es un ser PARA LA MUERTE, yo también afirmo que es un ser PARA LA VIDA:

«¡Ah de la vida!»… ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni adónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado. 
En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.



4. El bien morir

    Uno de los finales más conmovedores, para este burrito, es el de don Quijote de la Mancha. No porque don Alonso Quijano muera de melancolía ante un mundo cambiante, donde sus sueños y sus fantasías pertenezcan solo al mundo de los locos, sino por estos ruegos que su fiel escudero Sancho Panza le dice:

No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie lo mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía.

    Con estas palabras nos damos cuenta que Sancho es ya otro Quijote, como muchos de nosotros, que luchamos con toda nuestra pasión para hacer de este mundo un lugar mejor. Como el gordito Sancho Panza, este burrito está convencido de que la mejor muerte que podamos tener es luchando por la vida.

5. La muerte como justiciera, pues a todos nos iguala

   Ya desde la Edad Media, las Danzas de la Muerte nos aleccionaban con el carácter igualador de la muerte:

Bien sabes tú por cierto, y no debes dudar, la muerte no sabe a ninguno perdonar, A grandes y pequeños, todos quiere matar, y todos en común, por ella han de pasar. Esta mata los mozos, los mancebos lozanos, los viejos y los fuertes, nunca los deja sanos, ni perdona a los humildes, ni a los soberbios ni a los afanos, ni los pobres escapan, ni los ricos de sus manos.

Y la conocida canción Ódiame nos recuerda:


Que vale más humilde que orgullosa 
Que vale más tu débil hermosura 
Piensa que en el fondo de la fosa 
Llevaremos la misma vestidura

A partir de ahora, ¿cuál será su actitud ante la muerte?