Estoy casada, pero amo a otro

A veces, el amor no es cuestión de dos

ESTOY CASADA, PERO AMO A OTRO


    ...O lo mismo vale decir: "Estoy casado, pero amo a otra", porque los sentimientos y la infidelidad no distinguen entre el corazón del hombre y el corazón de la mujer; Cupido nos flecha a todos por igual.




    Tranquilícese, culto y moralista lector. Este articulillo no es una defensa de la infidelidad, provenga de donde provenga. ni un ataque contra la sagrada institución tradicional que es la familia (ironía). Es solo un llamado de atención acerca de esa especial situación en la que no muy pocas personas se han visto envueltas, cualesquiera sean las causas (psicológicas, sociales, culturales, etc.).

    Sabemos muy bien que la naturaleza y la psicología humana es tan pero tan compleja que se hace difícil seguir fácilmente cualquier regla o mandamiento. Así, por ejemplo, que levante la mano quién cumple a raja tabla con el sexto (No cometerás actos impuros) y el noveno mandamiento (No consentirás pensamientos  ni deseos impuros) o, una pregunta mucho más sencilla, ¿quién de nosotros no ha querido ejecutar la famosa Ley del Talión ('Talión' significa 'semejante'): Ojo por ojo, diente por diente?

    Claro, el asunto de la infidelidad y, en general, el comportamiento humano no es tan sencillo de responder. Tampoco es tan sencillo buscar algún culpable y señalarlo con el dedo. O quizás sí, como hizo el Cardenal de Perú, Juan Luis Cipriani, quien no dudó ni un segundo en satanizar a nuestro tan útil Whatsapp:


                        Un nuevo mandamiento os doy: 
                         No guasapearás con el  diablo



    Dejando de lado las graciosas y sabrosas anécdotas que nos ofrece la realidad, este burrito pasará a lo que le interesa: cómo la literatura ha plasmado la infidelidad; en este por pura coincidencia las protagonistas son mujeres (el burrito no es machista). 

    Solo haré un breve repaso a dos brillantes novelas que, confío en ustedes, pronto formarán parte de su biblioteca personal, aquella que está al lado de su televisor y sus videojuegos. En ellas, los autores han logrado profundizar en la mucho más profunda realidad del amor, la pasión y la psicología humana. Algo que muy pocos han logrado entender.


1. El maestro y Margarita (1966) de Mijaíl Bulgákov






    Este burrito ya se había declarado fan de esta novela -en Vargas Llosa en el circo- del censurado escritor ruso Bulgákov (1891-1949). La escribió hacia 1929, pero recién pudo ver la luz después de su muerte, en 1966 (cosas que tiene la censura política).

    De su calidad literaria, únicamente comentaré que se trata de un complejo mecanismo de ingeniería literaria, donde el genial Bulgákov mezcla al Moscú de después de la revolución con la Jerusalén del año 33, momento de la ejecución de Jesucristo. Y, de paso, nos cuenta las diabluras del demonio por Moscú, trastornando las mentes de sus habitantes (tranquilos, no es una obra diabólica).

    La protagonista, Margarita, está enamorada del Maestro. El gran inconveniente es que ella está casada. No es feliz en su matrimonio, pero eso da igual. El impedimento principal es que está casada y, para muchos, su felicidad importa poco. Lo importante es que respete el sagrado vínculo del Matrimonio. Aquí transcribiré unas sencillas palabras en donde Margarita reflexiona sobre su situación. En pocas palabras, el autor ruso nos ubica en el problema ético central. No haré más comentarios, ustedes pueden intervenir con sus opiniones.

Mi tragedia es que vivo con un hombre al que no quiero, pero considero indigno estropearle su vida... Él no me ha hecho más que el bien...
(Aquí suelto un rebuzno: se me viene a la mente Patricia Llosa, la ex esposa del premio Nobel. Después de cincuenta años de matrimonio, ¡zaz!, Vargas Llosa le da una patada y un adiós con un "gracias Paty por tu ayuda".)


2. Madame Bovary (1857) de Gustave Flaubert






    Una obra conocida por todos, pero leída por algunos. Las fantasías de Madame Bovary la llevan a engañar a su marido varias veces. Curiosamente, es una de las novelas favoritas de Mario Vargas LLosa.

    Es verdad que, muchísimas veces, confundimos los sentimientos de euforia y nos dejamos arrastrar por la sensación del simple hecho de amar. Sí, es muy bonito estar enamorado, todo brilla a nuestro alrededor y los pajaritos cantan, pero... Ustedes, ilustres lectores tan experimentados en cosas del amor, saben que nos es suficiente con "sentir amor", que no es suficiente casarse "por amor". En toda relación -de amistad, familiar o de pareja- se exigen más requisitos que el "ama a tus padres por el simple hecho de que son tus padres". Al parecer, Emma Bovary no lo comprende así. Lean con atención sus razonamientos al ser consciente de que tiene un amante:

Se repetía: "Tengo un amante! !Un amante!", deleitándose en esta idea como en la de otra pubertad renacida. Por fin iba a poseer esos goces del amor, esa fiebre de la felicidad que había desesperado de encontrar. Entraba en algo maravilloso donde todo sería pasión, éxtasis, delirio; una inmensidad azulada la rodeaba, las cimas del sentimiento centelleaban bajo su pensamiento, la existencia ordinaria no aparecía sino a lo lejos, muy allá, en la sombra, entre los intervalos de aquellas alturas.

¡Cuántos de nosotros hemos pensado como Madame Bovary... o cuántos hemos estado en la situación de Margarita! ... Como para ponerse a pensar, ¿verdad?

Burricus dixit (El burrito ha hablado)