VARGAS LLOSA EN EL CIRCO

¿Suenan las campanas?

VARGAS LLOSA EN EL CIRCO

Vargas Llosa, civilización del espectáculo, Vaticano


No he podido evitar la sonrisa al descubrir una mañana madrileña que el único premio Nobel peruano era la atracción principal de ese circo al que llaman "periodismo de espectáculo". Siempre he creído que juntar en un mismo enunciado las palabras "periodismo" y "espectáculo" era similar a contar "chistes colorados" con esmoquin... o algo por el estilo. Pero esto no es lo que importa.



Varguitas en mi biblioteca.
Colección de lujo

Han saltado todas las opiniones desde todos los flancos posibles. Una (Magaly Medina) lo ha calificado de "perro, perro, perro", mientras que otro (Aldo Mariátegui), vibrando de emoción, lo ha elevado al nivel de crack.




La caída de los dioses

¿Predicar con el ejemplo?

Es verdad que vivimos una etapa en la que ya no creemos en los intelectuales o en aquellas personas que, otrora, nos insuflaban respeto y esperanzas. Tal vez porque tenemos a la mano toda la información que evita la creación de un halo de grandeza y descubre ante nuestra mirada a personas de carne y hueso. 





Al parecer, él no era el malo.



Ahora es fácil enterarnos de las penas y glorias de nuestros ídolos de barro, con solo un clic. En pleno siglo XXI somos conscientes de que nadie es santo, ni los sacerdotes ni el Vaticano. ¿Qué hubiera pasado si, por ejemplo, Jesucristo hubiera vivido en esta "civilización del espectáculo"?




Levante la mano
quien lo haya leído


Las grandes personalidades, los estupendos pensadores se quiebran ante nosotros. Quedamos huérfanos de ejemplos a seguir. El mismo Vargas Llosa ha tratado de explicar las razones de este descrédito en La civilización del espectáculo (2012) (el resaltado en negrita es mío):

 Pero, en verdad, la verdadera razón para la pérdida total del interés de la sociedad en su conjunto por los intelectuales es consecuencia directa de la ínfima vigencia que tiene el pensamiento en la civilización del espectáculo (p. 46).

O sea, reinterpretando el juicio de Vargas Llosa, nos cuesta o ya no sabemos pensar, razonar, criticar, examinar, etc. Ergo, se multiplican las opiniones carentes de toda base, todas son válidas y el orden anterior se trastoca. Buscamos nuevos ídolos en quienes depositar nuestra confianza. 


¡Viva Homero, el nuevo pensador! 
(Homero Simpson, no Homero el que escribió sobre Brad Pitt 
y los virus troyanos)

Seguro que dirá algo inteligente



¿Nueva sex simbol?
No es broma, lo siento

No es casual que, en el Perú, exista una Tigresa del Oriente o que nos importe más con quien se acuesta Vargas Llosa o Milett Figueroa (para el caso da lo mismo) que en comprar El maestro y Margarita de Bulgákov o leer este blog (solo por poner un par de ejemplos distintos). 




Cito el mismo libro del Nobel peruano:

La desaparición de mínimos consensos sobre los valores estéticos hace que en este ámbito la confusión reine y reinará por mucho tiempo, pues ya no es posible discernir con cierta objetividad qué es tener talento o carecer de él, qué es bello y qué es feo (...) (p. 49).

Quiéralo o no, Vargas Llosa ha ingresado por la puerta grande en esta civilización del espectáculo. Seguramente se le recordará más por este último acontecimiento en su vida privada que por haberle dado un Nobel de Literatura a un país que casi casi es analfabeto (es verdad, aunque duela).