¿TODOS SOMOS SÁDICOS?

No apto para los peques

¿TODOS SOMOS SÁDICOS?


  Seguramente hemos escuchado o utilizado la palabra "sádico" y, más o menos, entendemos lo que significa: aquella persona -hombre, mujer o niño- que se solaza, o sea, se alegra o siente placer por el mal que padece otro ser humano o ser vivo en general.







¿Nelson sadistic?

       Seguramente no sabrán que tal adjetivo proviene del irreverente escritor francés Marqués de Sade. Él creó una serie de obras que bien podrían desmayar a cualquiera que se atreva a pasar de la primera página: sexo, lujuria, violaciones, zoofilia, pedofilia... un sinfín de atrocidades relacionadas con el sexo que no es fácil de soportar o digerir, por muy resistente que tenga el estómago. Vamos, que las atrocidades ocurridas durante la época de Alberto Fujimori, en Perú, o de Augusto Pinochet, en Chile, o del ya paradigma del mal Adolf Hitler, son unas vacaciones con todos los gastos pagados al lado de, por ejemplo,  Los 120 días de Sodoma. El Marqués de Sade recrea una serie de abusos hasta tal extremo que es casi imposible de soportar por cualquier persona normal (nunca falta alguno con la mente desequilibrada). 

Bueno, pero no te enojes
   
     Es verdad que, ojalá sean muy pocas las veces, nos alegramos de lo malo que le puede ocurrir a otra persona, como la conductora de un programa de espectáculos (Magaly Medina) burlándose de la celulitis de una bailarina (Tilza Lozano), los hinchas de algún club de fútbol al ver cómo se lesiona un jugador del equipo contrario, los editores de cierta revista (Hola) al ver cómo cierto escritor (Mario Vargas Llosa) saca los pies del plato, o este ¿chiste? cruel tuiteado por cierto político español y que le está cobrando la factura:


¿Gracioso?, ¿payaso?

    
     ¿Por qué este escritor nos quiso contar tantas perversiones? El Marqués de Sade nos muestra un mundo donde reina el mal, la crueldad, la ausencia de valores, el alejamiento total de Dios y de toda norma de comportamiento. Es decir, nos plasma una libertad absoluta para hacer lo que se venga en gana. Como escribiría el poeta peruano Martín Adán: No quiero ser feliz con permiso de la policía.


Léanlo, ¡es muy buen poeta!




Ni un pelo de tonto
   Lo curioso es que sus personajes son señores de buena educación, pensadores y caballeros; no hay locos o trastornados, sino seres totalmente conscientes de sus actos que se regocijan en el mal, en el sadismo extremo. ¡Son felices torturando a las personas! Aquí recuerdo al líder de Sendero Luminoso, una de las bandas terroristas más sanguinarias del mundo; me refiero al peruano Abimael Guzmán, intelectual, filósofo y profesor universitario. También me viene a la mente la imagen de tanto sacerdote abusador de niños (no empleo "pedófilo" porque es distinto). A pesar de saber perfectamente que lo que hacían estaba completamente mal, ¡lo hicieron!

      ¡Qué brillante manera halló el autor francés para plasmar la inmensa realidad del bien y del mal!, ¡tan contrario a lo que nos enseñaron desde pequeños! Sí, incluso en la universidad, aprendimos que hacer el mal nos haría infelices y hacer el bien nos traería felicidad. Muy parecido al karma: si haces el bien, recibirás bien y si haces el mal, recibirás mal. Pero, clarísimo está, que así no funciona el mundo. ¡Cuántas cosas malas les pasa a gente buena y cuántas cosas buenas les pasa a gente mala!


¿Usted, qué opina?


     Y lo más curioso es que todas las atrocidades son ejecutadas -empleo adrede este verbo muy mecánico- dentro de los ámbitos de la vida privada. El Marqués de Sade, con el fino humor negro que caracteriza su narrativa, nos muestra la hipocresía latente y manifiesta en dos ámbitos de nuestra vida: la privada y la pública. Él critica esa doble moral, esa doble conducta que nos hace parecer decentes en la calle o entre amigos y que, en la intimidad, hace brotar nuestro lado más oscuro. O sea, vamos a misa, nos golpeamos el pecho, comulgamos y, despues...


Caso de la vida real

    
     Para no extenderme más y no parecer cura dando el sermón de domingo, cito las palabras del caballero, uno de los protagonistas de Filosofía en el tocador (en el título noten la ironía entre la brutal temática de la obra y el lugar para embellecer nuestro cuerpo). Él, al observar todas las atrocidades de su compañero Dolmancé, reflexiona:

En verdad, Dolmancé, lo que hacéis es horrible; es ultrajar a la naturaleza, al cielo, y a las más sagradas leyes de la humanidad al mismo tiempo.

      El caballero, luego de varias horas de perversiones (noten otra vez la ironía), analiza y enjuicia las conductas sexuales, tachándolas de inmorales. Dolmancé advierte este inesperado cambio de actitud e inmediatamente lanza una burla:

Nada me divierte tanto como los enérgicos arrebatos de virtud del caballero.

Lo que me produce más escalofríos es lo que, más adelante, el supuesto caballero comenta:

Obedezcamos, puesto que no hay modo de persuadir a este depravado de que todo lo que nos obliga a hacer es espantoso.

¡Maravillosas palabras y maravilloso personaje nacidos de la mente del Marqués de Sade! Otra vez, brillantemente, el francés nos ha mostrado la miseria humana en toda su bajeza, en toda su podredumbre. ¿Cuántas veces hemos visto hacer el mal y no hemos hecho nada por impedirlo?, o peor aún, ¿cuántas veces hemos actuado mal al obedecer órdenes malintencionadas?, o muchísimo más grave aún: ¿nos preocupamos por saber qué es lo bueno o lo malo, lo correcto  o lo incorrecto? Sé que estos tiempos son difíciles para ponerse a pensar, pero no exageremos.


Solo sé que nada sé, versión posmoderna


     ¡Ah, cuán complejo es el ser humano! Como bien escribiría otro gran conocedor de la oscuridad del alma humana, el genial César Vallejo, en "Considerando en frío...":



Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...



     Así es, el hombre mata y luego canta, almuerza... ¿Acaso somos un poco sádicos?... ¿y cuál es el remedio?