¡ÁNDATE A LA MIERDA!

Así, con señales, por si no entienden
las palabras

¡ÁNDATE A LA MIERDA!


¡Qué relajante es mandar a alguien a la mierda! Claro está que no debe ser un hábito en nosotros y que no todos los seres humanos merecen ser enviados a este aleccionador viaje. Pero, admitámoslo, sí hay personas que merecen un billete solo de ida, con prohibición de retorno. 








A ese tipo de personas el Dr. Bernardo Stamateas las denomina "gente tóxica", que da título a su libro, que hoy recomendaré. Nuestra vida no necesita de más toxinas; ya tenemos suficientes emociones con pagar la hipoteca, cocinar, estudiar, enamorarse, etc.








Aunque usted no lo crea, no es tan fácil mandar a la mierda, es decir, separar a esa "gente tóxica" de nuestro lado. Es mejor si nadie sale lastimado, sobre todo nosotros mismos, pues ya sabemos cuánto dolor puede causar un amigo que nos traiciona, un taxista maleducado, algún ladrón que nos roba lo que con esfuerzo hemos ganado...

Muchas veces nos permitimos entrar en nuestro círculo más íntimo a los chismosos, a los envidiosos, a gente autoritaria, a los psicópatas, a los orgullosos, a los mediocres, en fin, a gente tóxica, a personas equivocadas que permanentemente evalúan lo que decimos y lo que hacemos, o lo que no decimos y no hacemos (p. 7). 

¿Apuesto a que hora te pones a pensar eso de que si tener un millón de amigos es buen negocio?


A veces es mejor ser Forever Alone que mal acompañado


En el libro Gente tóxica (2012), que ha sido reeditado más de veintidós veces, el autor nos da una serie de recomendaciones para evitar que alguien nos amargue la vida. Sobre todo, nos deja muy claro que:

El propósito de tu vida es tuyo y solo a ti te pertenece diseñarlo. La solución está en ti (...) El que no se alegra de tu avance o de tus sueños, que diga lo que quiera; tú prosigue hacia la meta (...) No esperes nada de nadie (p. 8).

Aquí les dejo una lista de diversos tipos de personas dañinas. Léalo con atención para esquivarlas por su camino o para evitar ser una de ellas. Quién sabe, a lo mejor nosotros somos los tóxicos.

1. Los meteculpas: olvídate ya de ese rollo del "pecado original" que te hace temer el infierno y adorar a Dios. No tienes por qué cargar con la culpa de Adán y Eva que, por otro lado, nunca existieron. También puedes ir disfrutando de un enorme chuletón y unas cervecitas e ir olvidándote que los niños en África no tienen para comer o beber. Esto no es un llamada a la insolidaridad; tampoco a hundirnos en la culpa.

2. El envidioso: ¡que levante la mano quién no conoce un envidioso! También nosotros hemos sentido envidia, sana o enfermiza. La envidia no tiene sexo, pues tanto hombres como mujeres hemos sentido celos por el bien ajeno. Practiquemos este remedio: en vez de envidiar, ¿por qué no admiramos el esfuerzo de la otra persona?

3. El descalificador: aquel que parece ser un buen amigo que te aconseja, pero intenta destruirte. ¡Cuidado!, pues son lobos que nos engañan vestidos de cordero... o gatito.

4. El agresivo verbal: más connocido como el "lengua larga". No sale nada bueno de su boca, siempre está gritando y tratando de imponer sus ideas con insultos. ¿Les suena este tipo de expresiones: "Eres un tarado si crees eso" o "Soy la mamá y harás lo que yo ordene"? Cuidado: los padres suelen ser de este tipo.

5. El falso: conocido por todos. No tengo más que decir.

6. El psicópata: estos dan más miedo, pues pueden llegar a lastimar. Se irritan con facilidad o aprovechan un momento de borrachera para cometer su delito. Aquí encontramos a los violadores, ladrones... y, por qué no, tanto político.

7. El mediocre: como muchos de nosotros. 

8. El chismoso: ¿qué les puedo decir de algo que, con toda probabilidad, conocen? ¡Alerta!, los chismosos pueden ser ustedes... o este tierno burrito.

9. El jefe autoritario: seguramente alguno de ustedes lo tiene o ha tenido. No es un líder, sino un gamonal o patrón con corbata en vez del látigo. ¿A que ganas de mandarlo a la mierda no nos falta?

10. El neurótico: el que todo lo quiere perfecto, que se haga a su manera y a la hora que él desea.

11. El manipulador: como el gatito de Shrek.

¡Ya me convenció!


12. El orgulloso: el arrogante, el desdeñoso, el que levanta la nariz al caminar pues todo le apesta. Vale, está bien que seas guapa o guapo, rico, inteligente... pero, ¿orgulloso?

El poder de las palabras 


El Dr. Stamateas recomienda aprender a decir "no" con fuerza, con autoridad, sin que tiemble la voz. Usted dirá: "pobrecito, se va a ofender y me dejará de hablar". No se preocupe, tómelo por el lado amable; piense que se "ha desintoxicado".

En mi caso, yo simplemente recomiendo "mandar a la mierda", porque hay gente que no entiende de buenas maneras... y, después, bajar la llave del inodoro (no olvide lavarse las manos).