PIENSO EN TU SEXO


PIENSO EN TU SEXO


Mónica Cabrejos, César Vallejo, Javier Pérez-Castilla, Génesis, sexo, sexualidad



Tal vez, con algo de prurito moral, usted se haya resistido a hacer clic para leer esta publicación. Es que, hasta el momento, hablar de sexo tan llanamente suele hacer sonrojar a muchos. Y no le echemos totalmente la culpa a la religión católica, que ya muchos pecados carga en sus espaldas. También la ciencia tiene mucho por lo que disculparse.

Desde niños nos enseñaron que, antes de pecar, el hombre y la mujer no tenían vergüenza de verse desnudos, mas luego de saciar su curiosidad comiendo del fruto prohibido...
(...) se les abrieron los ojos, y de pronto sintieron vergüenza por su desnudez. Entonces cosieron hojas de higuera para cubrirse. (Génesis 3:7)

Famoso fresco en la Capilla Sixtina. Nótese que Dios no está desnudo


He aquí el origen bíblico de la ropa

Al parecer, todo según el Génesis, el pecado provocó que nos vistiéramos y que sintiéramos vergüenza de nuestras "vergüenzas" (dígase claramente "genitales"). El cuerpo del ser humano se tornó en un misterio exclusivamente accesible a una persona, al Indiana Jones que haya vencido todos los obstáculos para alcanzar tan codiciado tesoro.


"Rosa atacada por el demonio"
de Cristobal de Villalpando




La desnudez se volvió signo de impudor, de indecencia ,de pecado... ¡Vade retro, Satanás! (Cuentan que a Rosa, la santa limeña, se le aparecían hombres desnudos para tentarla).








Para algunos, el burkini no es mala idea
¡Qué horror mostrar los tobillos!, 
¡es una descarada, una puta!

Mostrar más de la cuenta podía significar ser un proscrito social... El acto sexual se tornó privado, solo realizable entre las cuatro paredes de la alcoba matrimonial, bajo la bendición del sacerdote. ¡Nada de dogging

Además, Solo podías entregar tu cuerpo a una sola persona, la privilegiada de observar y poseer ese tesoro oculto. ¡Nada de orgías, swingers o gangbang!... 




Vale, está bien, irse a los extremos tampoco es recomendable. Aquí un chistecillo:

¿Un poco exagerado? No lo creo

¿Saben su nombre?
Ella es la primera modelo con vitiligo



Felizmente, poco a poco se va entendiendo que la desnudez del cuerpo humano y el cuerpo en sí mismo (bello o feo) no son malos. En esto la pornografía y la moda, cada una a su estilo, han tenido mucho que ver.







Nuestro extraordinario César Vallejo, el indiscutible genio de la poesía peruana, confirma una mirada conciliadora entre lo puramente corpóreo y la metafísica en ella latente. Aquí la segunda estrofa de su poema "Pienso en tu sexo", que da título a este post:


Pienso en tu sexo, surco más prolífico
y armonioso que el vientre de la sombra,
aunque la muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia,
pienso, si, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede. (vv. 7-13)
 Quédense con los dos últimos versos, donde el hombre "goza donde quiere".

Jorge Eduardo Eielson, otro importante poeta del Perú, también nos da algunas claves trascendentales en cuanto a la mirada y la significación de nuestro ser corpóreo:

Cuerpo enamorado

Miro mi sexo con ternura
Toco la punta de mi cuerpo enamorado
Y no soy yo que veo sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el remanso y ríe
Amo el espejo en que contemplo
Mi espesa barba y mi tristeza
Mis pantalones grises y la lluvia
Miro mi sexo con ternura
Mi glande puro y mis testículos
Repletos de amargura
Y no soy yo que sufre sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el espejo y llora (vv. 1-14)

Aqui también he de advertir de los excesos de nuestro cuerpo, es decir, la posibilidad de la autodegradación o de la cosificación. ¿Es posible que nos traten o dejarnos tratar como simples objetos, instrumentos de placer o de trabajo?, ¿y dónde queda la dignidad? El poeta madrileño Javier Pérez-Castilla nos muestra una cruda realidad en su recientemente publicado Cuerno del tiempo (2015):

Putas de Amsterdam
Los rostros un poco distantes tras los cristales.
Algunas sonreían pícaras; otras simulaban la animación de un baile.
Tal vez drogadas, movían sus cuerpos sin gracia.
Extraños peces mercenarios, así se exhibían
en el fantasmagórico acuario de la estrecha calle.
Sus carnes blancas no reclamaban amor ni dinero.
Eran sacerdotisas y exvotos de una antigua religión.
La derrota amanecía en sus rostros.
Todas miraban con una desafiante superioridad. 



Finalmente, dejo un picante consejo que nos da Mónica Cabrejos en su libro Ni puta ni santa (2013). El título nos advierte de los riesgos de irse a los extremos; además, el fragmento seleccionado es significativo en cuanto que trata de quebrar muchos siglos de un atrofiante muro sexual. Como ven, la ciencia y, especialmente, la sexología aún tienen mucho trabajo por delante. 

Me atrevo a sugerirles, chicas, la autoexploración de sus zonas erógenas sin temor, culpa o vergüenza.
Al igual que Mónica Cabrejos, no estoy a favor del libertinaje sexual, pero tampoco estoy feliz con tanto desconocimiento sobre nuestra sexualidad. Lo dicho. ¡Buen día!