UN REFRESCANTE VASO DE AGUA

En Piura, ¡al polo!
Hace unos días me acerqué a la tienda de mi vecina y  le pedí gentilmente un vaso de agua. A los pocos segundos, apareció con el pedido y con un reproche: No se dice un vaso de agua, porque el vaso no está hecho de agua. Se debe decir un vaso con agua.



La preposición –al igual que la conjunción– es un morfema libre e invariable, es decir tiene significación y función exclusivamente gramatical y además, no presenta variaciones de género ni número. Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), la preposición ‘de’ tiene los siguientes significados que –en su mayoría– dependen del contexto: posesión: La casa de mi padre; lugar: No sale de casa; materia de que está hecho algo: Casa de madera; para señalar lo contenido en algo: Vaso de agua; causa: Se enfermó de varicela; etc.

Al decir Señora de Ruiz, no asumimos que dicha señora le pertenece –como un simple objeto– a su esposo, significado que sí posee la expresión el juguete de Andrés. El enunciado casa de madera expresa que la vivienda está hecha de madera. Cuando pedimos un vaso de agua, por contexto sabemos lo que estamos pidiendo: un vaso cuyo contenido sea agua o, también, la cantidad de agua que quepa en un vaso. De igual manera, la persona que nos lo proporcionará no se le ocurrirá traer otra cosa que lo que le estamos solicitando.


De ahora en adelante, amigo lector, puede usted pedir con toda tranquilidad un refrescante vaso de agua o un vaso con agua, pues ambas construcciones son correctas, aunque nuestra sed no entienda de gramáticas.