El amor es un bonito invento




¡Hola, hola! Buen día, queridos lectores. Ya sé que andan contentos porque hemos tenido una super luna, lunera (aunque no le he visto los ojos azules, ni la boca morena). Como la cámara de mi móvil no podía captar la belleza del momento, decidí hacer mi propia luna (en la foto). En estos tiempos, si uno quiere ser feliz, tiene que fabricarse sus propios sueños.





En fin, que la presencia de la luna -o su ausencia- me ha puesto melancólico. Espero, muy pronto, escribir Melancolías de un burrito que a orillas del río Manzanares se sentó y lloró (perdón, Coelho, perdón) o Cincuentas sombras de un burrito orejón (advierto, será erótica). Mientras tanto, paso a esgrimir breves argumentos o burradas (soy, como ven, muy humilde) respecto a un tema siempre lantente, candente y abundante: el amor. 



Para este, su burrito servidor, el amor romántico es un bonito invento, una creación del espíritu humano (con su punto álgido en el romanticismo), como Dios, los ángeles, los demonios y la política. Obviamente, nadie en su sano juicio asumirá la existencia concreta de tal realidad (salvo Cupido, él sí existe), pero muchos nos atrevemos a hablar de él, ya sea por experiencia, por pasión o por locura. 






¿Existe una definición exacta del amor? Pues ni siquiera eso. El sabio poeta Lope de Vega intentó hacerlo, por medio de un juego de oxímoros o paradojas. El verso final nos cierra la boca (y el hocico) a todos.

Soneto 126

Desmayarse, atreverse, estar furioso, 
áspero, tierno, liberal, esquivo, 
Un saludo para los fans del Ministerio del tiempo
alentado, mortal, difunto, vivo, 
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo, 
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo, 
enojado, valiente, fugitivo, 
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño, 
beber veneno por licor süave, 
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe, 
dar la vida y el alma a un desengaño; 
esto es amor, quien lo probó lo sabe.




Estos rebuznos me sirven de preámbulo para comentar Tu chaqueta ya no me abriga, uncon más de cien textos o reflexiones de Mario Migueláñez González, quien gentilmente me lo envió. Como ven, a partir del título, el autor no ofrece una visión original del tema sobre la ausencia amorosa, pero sí unas reflexiones íntimas, personales y, por ello, fraternas, acogedoras y muy humanas. Ha sido una delicia leer cada estadio, cada momento, cada "sentimiento ininteligible" (p. 139) que llena este libro (no apto para los de llanto fácil o para quienes hayan sufrido una reciente ruptura).

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De pronto me paro a pensar y me doy cuenta de que las relaciones son parecidas al motor de un coche, salta la chispa rápido y se produce la combustión, quema la gasolina como quema la sangre de mi corazón, pero con el paso de los kilómetros el coche se detiene y tienes que volver a repostar y tienes que volverme a conquistar y conquistar diariamente. (p. 118)

El párrafo anterior es ejemplo del tipo de prosa y ritmo que caracteriza todo el texto. El autor se esfuerza porque sus pensamientos y sentimientos fluyan tal cual van brotando, van naciendo o van explotando en su alma y, tema nuclear del texto, en sus recuerdos. 

Al final todo quedó en el recuerdo (p. 82)


Sin embargo, me veo en la obligación profesional (sino, no sería crítico) de aconsejarle cuidar un poco más la redacción de los textos. Está claro que el autor ha buscado una mayor fluidez y naturalidad, evitando utilizar puntos y comas, pero eso ha traído como consecuencia la existencia de segmentos difíciles de entender o de constantes repeticiones de frases.

Paseando fuera de la ciudad distinto los colores del otoño, salgo afuera, camino a ninguna parte pero como si contigo estuviera. (121)


Felicito al autor, pues ha sabido sacar provecho de una experiencia importante en su vida; una experiencia que hace que Tu chaqueta ya no me abriga se empape de sabiduría mundana, del conocimiento del hombre de a pie que sufre y canta. Además, compartimos la misma idea: la escritura como terapia.

Me obligaste a escribir como terapia para un hombre ya curado de aquella idea espantosa que era tener que olvidarte. (p. 191)

Gracias, también, por tener la extraña cualidad de aceptar gustoso las críticas y someterse a ellas; cualidad rarísima en los escritores de estos días. Estoy 100% seguro que tan buena disposición lo llevará a niveles insospechados de escritura.  

El amor es un bonito invento, doloroso, esquivo, pero también grandioso (el libro corrobora lo que afirmo). Se sufre, pero se goza. Desde aquí, felicito al autor por una obra encantadora. Aconsejo su lectura, tanto como placer, como ayuda para el alma enamorada.