En qué piensan las mujeres

Conclusiones después de leer a una autora de erótica

¿La próxima Sócrates?

   Saludos, burri-lectores-amigos:

   Gracias por continuar leyendo estas descaradas reflexiones (o lo que parecen ser). Aunque a veces he sido censurado y muchas veces vapuleado, creo que es justo y necesario seguir combatiendo la horrible literatura que hoy por hoy viene pululando e infestando nuestras ya frágiles mentes.







¿Es que hemos abandonado nuestro derecho a pensar? Todo diría que sí. Ya he mencionado en un post que vivimos en el "Siglo de los idiotas". Más aún oyendo la noticia que una tal Belén Esteban es una de las autoras más vendidas en este país (otrora lugar de renombre donde los más más se morían por venir y escribir. Sí, Cervantes, Lope y Quevedo se retuercen en su tumba). 

Mi asombro va en aumento cuando empiezo a leer aquella literatura erótica que causa sensación entre tantas mujeres (incluso hay un congreso de "romántica adulta").

¡Claro! Yo me digo: "si eso les gusta a las mujeres, ¡es que deben ser unas novelas fabulosas, escritas por dignas discipulas del Marqués de Sade!". Pues, ya saben que aquí defiendo a las mujeres (lean "Las mujeres gritan...y muy fuerte"), las dueñas de la belleza y de la inteligencia (las verdaderas hijas de los dioses). Estaba seguro que iría por buen camino. 


Pero no... este su amigo burrito casi ha fallecido por un enema cerebral. 

Esta vez Dostoievsky no tuvo la culpa  de mi fallecimiento


Hago la necesaria y aburrida advertencia: aquí no discurro en gustos o disgustos, ni en cuestiones personales, pues difícil sería ponerse de acuerdo en tan subjetivas opiniones. Sí comentaré algunas cuestiones formales de la autora Noelia Amarillo. Porque ya saben que para este burrito "Follar es un arte"

Sí, es verdad,
va por la segunda edición
Después de leer sus relatos -no todos, tengan piedad de mí- me he quedado con la idea que todas las mujeres son unas-cachondas-perdidas-que-andan-a-la-espera-de-que-cualquier-desconocido-les-meta-mato-y-las-haga-gemir-de-placer. ¿No me creen? Transcribo la siguiente escena de Ardiente verano (sí, la autora es una luminaria con los títulos). 

En ella, se narra cómo una chica se acerca a una casa en el bosque, observa el apareamiento de una caballo y una yegua (felizmente no era entre dos caballos o dos yeguas, ¡Dios nos coja confesados!)... y ¡zaz!, un desconocido hombre la coge por detrás, le toca sus genitales y, con el "pene inhiesto" (sic), la folla de lo más lindo. Pero como la chica está más cachonda perdida, no dice ni muuu y se deja toquetear (me "encanta" esa parte que dice: "algo en su interior..."):

"—Yo no soy una yegua que busca follar con un semental —declaró María, sin moverse ni alzar la voz, pensando que debería intentar liberarse de él. O, al menos, sentir miedo por la situación en la que estaba inmersa. Pero no era así, no tenía ni pizca de miedo ni se sentía atacada. Algo en su interior le decía que el desconocido no era tal."

Tranqui, Bean, que eso solo
debería ocurrir en la ficción... ¿o no?


No niego que la situación es muy morbosa, ¡a quién no le gustaría ser esa mujer y que la folle un desconocido en medio del bosque!... ¿verdad?... ¡y qué hombre no quisiera follarse-violar a una mujer!... ¿verdad?... ¡¿verdad?! 





Usted me dirá: burrito, no exageres, que es ficción y todo es posible. Y yo le diré: bueno, en ese caso, ¡que también participe el caballo! Y ya de paso, ¡que entre en acción C3PO y el maestro Yoda! ¡Toda una orgía interracial-intergaláctica!... ¿Verdad que no todo es posible en la ficción? En Morditritus publiqué un artículo al respecto: La ética de la ficción

Yo soy sexi, sexi!


¡Ah!, ¡qué equivocado estaba! Al parecer, la autora sí se anima a meter a C3PO para que folle con... ¡Drácula! (aquí empiezan mis convulsiones). 

Pero tranquilos, que solo es una fiesta de disfraces en Falsas apariencias (sí, repito, la autora no anda muy fina con los títulos). 

Lean la siguiente escena y entenderán por qué a los hombres nos gusta bailar "apretaditos"... ¡para ponerlas cachondas! (una lástima esa malograda comparación con las aguas del Caribe)


La verdad es que Drácula estaba como un tren, ya se había dado cuenta en la gasolinera, pero con el enfado no se había fijado en detalle. Ahora, apretada contra él, podía ver esos maravillosos ojos verdes, tan claros como el agua del Caribe —seré cursi, pensó—. El pelo rubio medio despeinado cayéndole en ondas hasta los hombros. Los labios carnosos listos para ser besados... ¡mmh!


...o, ya puestos, no escribas.

Y, bueno, es literatura erótica, tiene que haber sexo por todos lados, "pollas", "gemidos", "semen", un poco de guarrería, porque, ¡es literatura erótica! ¡Adiós al buen gusto, a la buena redacción¡, ¡bienvenidos las descripciones exuberantes, el comportamiento animal, los rasguños, las situaciones irreales, los gerundios pésimamente empleados! 




A veces, es mucho mejor no escribir y dejar que el silencio sea signo de sabiduría. Lean mi post: "La derrota del silencio o la ética de las palabras".


En el siguiente fragmento de Atrévete a quererme, noten los cultismos -en negrita- que intenta introducir, pero que solo dan un poco de pena (sin contar el susto que se da la pobre chica con el salto del pene):


Sara liberó su mano de los fuertes dedos masculinos que la instaban a frotar la enorme polla. Empujó a Héctor por los hombros hasta dejarlo tumbado sobre la arena y se colocó a horcajadas sobre sus musculosas piernas. Le desabrochó los botones del pantalón y jadeó asombrada cuando el rígido pene saltó hacia ella. [Aquí me he partido de risa]
Sara lamió la tímida gota de semen que emanaba de la abertura uretral y deslizó la lengua por la tensa piel de la corona a la vez que sus dedos se mecían sobre el tronco de la enorme polla, acariciando cada vena marcada en él. [Mágnifica clase de anatomía]

En fin, no continúo. Ya sé que cuando leen novelas eróticas no tienen en cuenta la redacción, la verosimilitud, el léxico apropiado y otros detalles que como lectores debemos aprender a distinguir, para que nuestra lectura sea provechosa y de calidad. 

Al contrario, la literatura erótica es para dejarse llevar por los arrebatos de pasión y del disfrute carnal, ¡que no hace daño! Díganme que me equivoco :(