¿Amar no es pecado?


Saludos, amables burrilectores!

Vuelvo a esto de la crítica con humor, porque ya la vida nos da muchos dolores de cabeza como para soportar a un burrito con malgenio. ¡No, señor!



Esta vez, me he devanado los sesos intentando entender eso de la ideología de género y el porqué del rechazo de muchas personas. Pero, ¡bah! ¿Acaso debo tener un doctorado en sociología, sexología o teología para respetar al "otro", al distinto, al que no es de mi raza o del mismo pensamiento? Desde mi asnal punto de vista creo que no. Aquí les dejo un breve texto con humor: cuando Jesús dio su mandamiento, en ningún momento dijo que había que leer la letra pequeña.




¡Pero hay que respetar las leyes!

Y es que todavía hay personas que abogan por la primacía de las leyes (artificiales y naturales) y de la palabra de Dios para regir la vida de los demás. Pero, ¡válgame el cielo!, estamos abandonando al ser humano en las manos de algo NO humano (Ya escribí en otro post sobre el personaje de ficción que es Dios: clic aquí). 


Dejo aquí mis consideraciones que a nadie le importan. En todo caso, ya las pondré en ese librejo que pretendo publicar (sorry por el autobombo).

Ahora, paso a comentar brevemente un libro, Quimera. Las edades bárbaras (Ed. Urano 2016), que llegó a mis manos gracias a la generosidad de su autora, Malenka Ramos

Y he de insistir en mi agradecimiento, pues he llegado al límite de NO seguir leyendo cuanto desastre literario va pululando por internet o cuantos bienintencionados autores me envían sus textos para "comentarlos". Lo siento, Umberto Eco, pero yo aún pertenezco a eso que llamas "crítica aristocrática" y me resisto a aceptar que cualquier cosa sea llamada literatura, por mucho que le guste al pueblo.




LA VOZ DEL PUEBLO NO ES LA VOZ DE DIOS

Y NO, no es culpa del machismo imperante o del heteropatriarcado o de Donald Trump: escribir bien es escribir bien, aquí o en la China, seas hombre o mujer. Así lo demuestra Malenka Ramos en un libro cuyo principal punto fuerte son las descripciones hartamente equilibradas:



Se aproximó a ella muy despacio y se inclinó para observar de cerca su rostro. Sonrió maliciosamente y aspiró el aroma que desprendía su piel. Traje negro, piel oliva y ojos verdes sobrenaturales y fríos. Parecía un espectro. p. 197

Aunque claro, tampoco se trata de ir describiéndolo todo, pues se podría caer en un exceso formal o, también, en la escritura manierista. No puedo evitar cansarme al leer esto taaan largo (aquí me pregunto por qué no continuó describiendo los cristales de las ventanas):

La observó dormir durante mucho tiempo mientras el suave aleteo del viento acariciaba las pequeñas ramas de los sauces que golpeaban sutilmente los cristales de las ventanas. p. 290

Otro punto fuerte es la escritura muy bien cuidada, con escasos errores ortográficos y nulos tropiezos temporales. Su lectura anima, intriga, hace pensar, principalmente en los temas "chocantes" que trata: la homosexualidad... Y otros temas ciertamente tabús (la religión, como siempre). Solo cito un párrafo a manera de ejemplo, para no caer en esa cursilería del "spoiler":

Pasamos la noche bajo el sonido estridente de una voz que repetía una y otra vez por un viejo altavoz en lo alto de la pared que la homosexualidad era una aberración que debíamos curar. p. 148

Sin embargo, creo que no logra despegar del todo y llegar a ese esplendedor climático que tanto esperé hasta el final. Incluso, esos temas tabús no pasan de lo anecdótico o lo circunstancial. En cierta manera, es interesante la disolución del clímax y que estemos, como Candela, esperando que el narrador nos vaya dando la información a cuentagotas, esa información que revelaría todos los horrores vividos en el orfanatorio. ¡Pero es que desde las primeras líneas el narrador ya nos lo ha contado!

Cerró los ojos y rememoró su imagen cuando apenas tenían quince años. Evocó durantes unos instantes el tiempo que habían pasado todos en aquella misma casa, en aquella mansión que en otra época había sido un orfanato y un calvario para ellos. p. 14

De paso, han de saber que las escenas sexuales han sido cuidadosamente narradas. No hay mayor sorpresa, ni derroche de técnicas o extravagancias muy extravagantes, lo cual es de agradecer. Antes bien, me resultan tiernas e inocentes (don Sade, el sádico, se menciona de paso), con una moralina que tampoco desentona:

(...) en cada rincón había sensualidad y no era sucio. No era como ahora se ven ciertos comportamientos. Todo era lento, todo estaba envuelto por una belleza y una gentileza que era imposible juzgar. No había urgencia o premura en el contacto. El mero hecho de desprender a una mujer de su collar de perlas provocaba en quien la contemplase un escalofrío por to el cuerpo. Sí. Libertad. p. 215

Y aquí acaba mi rebuzno. Espero que disfruten de la lectura, como yo he disfrutado. Quimera nos recuerda que siempre hay que seguir luchando ya sea por la libertad o por encontrarnos a nosotros mismos, en un mundo que no tiene ni pies ni cabeza.